16 gener 2011

Heroínas


Es verdad que estas fiestas han sido menos pretenciosas que las de los años en los que podíamos hipotecar hasta la cena de Navidad, pero que empacho de comida ¡por favor! Y es que no dejan de ser días de excesos para el bolsillo y para el cuerpo, por no hablar en términos de trabajo para algunas.
Que si qué hago de comida, dónde compro más barato y a ser posible de similar calidad… Después viene el te ha tocado cocinar, ojo, no cualquier cosa, más tarde recoger y fregar la vajilla fina a mano, para que no se rompa, y trajinar con las emociones que mueve un encuentro de esas característica. Uf! me agota nada más escribirlo.

Ahora que nadie me oye me gustaría felicitar a todas aquellas mujeres que anónimamente hacen de lo abstracto de la tradición un principio de realidad. Porque no son niñitas nacidas en representación de nadie, ni madres noeles transitando por los cielos, ni reinas de cabalgatas, tan siquiera incorpóreas espiritas santas, son las mamis que tocan de pies a tierra, las que planifican y ejecutan la dura tarea del encuentro familiar alrededor de una mesa navideña.
Y si además lo hacen sin rebombaría y sin aparente esfuerzo, hasta con ciertas dosis de naturalidad y bien frescas y guapas, es que sin lugar a duda pertenecen a las Heroínas S.L. (Sin Límite) Donde su función es dejarse la piel en poner en marcha eso que llamamos espíritu familiar.

A decir verdad, me parece freudiano el esfuerzo que hacen estas mujeres si tenemos en cuenta la cantidad de energía que requiere el evento, algo así como la capacidad de los hombres para hacerse los longuis ante el volumen de trabajo en la casa y encima salir airosos del empeño, salvo honrosas excepciones todo hay que decirlo. Por todo ello no me cansaré de enviarles mil cariños y de intentar visualizar el trabajo de esas bravas heroínas operarias de la tradición.

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